Salto Entre Dos
En inglés: Jump Ball
El salto entre dos, también conocido como entre dos, tip-off o jump ball, constituye un procedimiento reglamentario para iniciar el juego o resolver situaciones específicas de balón retenido mediante competencia atlética directa entre dos jugadores saltadores designados. Durante este procedimiento, un árbitro lanza el balón verticalmente en el aire entre dos jugadores oponentes, quienes saltan e intentan desviar el balón hacia sus compañeros de equipo posicionados alrededor del círculo de salto. Este método ancestral de iniciar la competición baloncestística conecta el deporte moderno con sus orígenes históricos. Según el reglamento, el salto entre dos se ejecuta en el círculo central al inicio del partido y al comienzo de cualquier periodo extra. En estas situaciones, cada equipo designa un saltador, típicamente uno de sus jugadores más altos o con mayor capacidad de salto vertical. Los saltadores se posicionan en lados opuestos del círculo central, con los pies dentro de su mitad correspondiente del círculo pero sin pisar la línea divisoria. Los demás jugadores de ambos equipos se distribuyen alrededor del perímetro del círculo, alternando posiciones entre equipos. El árbitro se posiciona fuera del círculo y lanza el balón verticalmente hacia arriba entre los dos saltadores, a altura mayor de la que cualquiera de ellos pueda alcanzar sin saltar. El balón debe alcanzar su punto máximo entre ambos jugadores. Los saltadores pueden palmear o desviar el balón solo después de que este haya alcanzado su punto máximo y comience a descender. Palmear el balón antes de su punto máximo constituye violación, resultando en concesión de posesión al equipo contrario. Cada saltador puede tocar el balón máximo dos veces antes de que toque el suelo o sea tocado por uno de los jugadores no saltadores posicionados alrededor del círculo. Los saltadores no pueden agarrar el balón directamente; solo pueden palmearlo o desviarlo. Esta restricción asegura que el salto entre dos genera disputa genuina en lugar de permitir que un jugador dominante simplemente capture el balón. Los jugadores no saltadores posicionados alrededor del círculo deben permanecer fuera del círculo hasta que el balón sea tocado por alguno de los saltadores. Entrar al círculo prematuramente constituye violación. Una vez que el balón es tocado legalmente por un saltador, todos los jugadores pueden moverse libremente e intentar ganar posesión. Esta regla crea situaciones tácticas donde equipos diseñan formaciones específicas alrededor del círculo para maximizar sus posibilidades de ganar posesión tras el palmeo. La señalización arbitral incluye gestos específicos para comunicar violaciones durante el salto. Si un saltador toca el balón antes de su punto máximo, el árbitro señala violación y concede posesión al equipo contrario. Si los jugadores no saltadores entran prematuramente al círculo, se sanciona la misma penalización. Estas violaciones son relativamente raras en niveles profesionales donde los jugadores comprenden perfectamente el timing requerido. Históricamente, el salto entre dos representaba el método universal para reiniciar el juego tras cualquier detención, incluyendo después de cada canasta anotada. Esta práctica hacía que partidos de los años 1930 y 1940 incluyeran docenas de saltos entre dos, otorgando ventaja masiva a equipos con jugadores dominantes en el salto. La regla evolucionó gradualmente, eliminando saltos entre dos tras canastas y reservándolos solo para inicio de partidos y situaciones específicas de balón retenido. La NBA actualmente mantiene el sistema de salto entre dos real para todas las situaciones de balón retenido durante el juego, no solo al inicio. Cuando dos jugadores contrarios agarran simultáneamente el balón y ninguno puede obtener control, el árbitro declara balón retenido y se ejecuta salto entre dos en el círculo más cercano a donde ocurrió la situación. Los dos jugadores que tenían el balón retenido son los saltadores designados. Este sistema permite que habilidad atlética y estrategia de salto influyan en múltiples posesiones durante el partido. FIBA abandonó los saltos entre dos repetidos en favor del sistema de posesión alterna en 2003. Bajo este sistema, solo el inicio del partido y de periodos extras se deciden mediante salto entre dos real. Todas las demás situaciones de balón retenido se resuelven concediendo posesión alternativamente entre equipos según indica la flecha de posesión. Esta modificación acelera el ritmo del juego, elimina interrupciones repetidas, y reduce la ventaja sistemática de equipos con saltadores superiores. Las estrategias de salto entre dos incluyen múltiples tácticas sofisticadas. Los saltadores pueden intentar palmear el balón directamente a un compañero específico, desviar hacia atrás donde generalmente se posicionan bases, o simplemente intentar golpear el balón en cualquier dirección que niegue control inmediato al oponente. Los compañeros no saltadores se posicionan estratégicamente anticipando la dirección más probable del palmeo, creando superioridades numéricas en esas zonas. Algunos equipos desarrollaron jugadas específicas de salto entre dos donde el saltador intencionales desvía el balón hacia una zona predeterminada donde compañeros ejecutan cortes coordinados. Estas jugadas requieren timing preciso y comunicación excelente, pero pueden generar ventajas ofensivas inmediatas si se ejecutan correctamente, especialmente en inicio de partidos o periodos decisivos. Estadísticamente, ganar el salto entre dos inicial no correlaciona significativamente con ganar el partido, aunque puede proporcionar mínima ventaja psicológica estableciendo tono competitivo desde la primera posesión. Sin embargo, en partidos extremadamente cerrados decididos por posesiones individuales, la posesión inicial puede teóricamente marcar diferencia, aunque de manera tan marginal que resulta estadísticamente insignificante en muestras grandes. La evolución atlética del baloncesto ha transformado el salto entre dos en exhibición de atletismo vertical espectacular. Jugadores modernos pueden elevarse tan alto que el palmeo ocurre varios pies por encima del aro, y la rapidez de reacción permite desvíos precisos en fracciones de segundo. Esta evolución atlética contrasta dramáticamente con saltos entre dos de décadas pasadas, donde las alturas máximas eran significativamente menores.