Rebote
En inglés: Rebound
El rebote es la acción de recuperar el balón después de un tiro fallado, ya sea propio o del equipo contrario, y constituye una de las estadísticas más fundamentales del baloncesto. Se distinguen dos categorías principales: rebotes ofensivos (capturados en el aro del equipo rival tras un fallo propio) y rebotes defensivos (capturados en el aro propio tras un fallo del oponente). Esta diferenciación es crucial porque cada tipo tiene implicaciones estratégicas y de valor distintas. Los rebotes ofensivos son particularmente valiosos ya que otorgan al equipo una posesión adicional sin necesidad de recuperar el balón mediante robo o forzar una pérdida, y generalmente resultan en oportunidades de tiro de alto porcentaje cerca del aro. Los rebotes defensivos, aunque individualmente menos valiosos que los ofensivos, son más frecuentes y fundamentales para finalizar una posesión defensiva exitosa y iniciar la transición ofensiva. Históricamente, el rebote ha sido dominado por jugadores de gran estatura y atletismo, con Wilt Chamberlain ostentando el récord de promedio de rebotes en una temporada con 27.2 en la campaña 1960-61, aunque es importante contextualizar estas cifras con el ritmo de juego considerablemente más rápido de aquella era. En términos de rebotes totales en carrera, Wilt Chamberlain lidera con 23,924 capturas, seguido por Bill Russell con 21,620, aunque Russell jugó en una época donde los rebotes ofensivos y defensivos no se diferenciaban oficialmente, distinción que comenzó en la temporada 1973-74. El análisis moderno del rebote ha evolucionado significativamente más allá del simple conteo bruto. La métrica de porcentaje de rebotes, que mide el porcentaje de rebotes disponibles capturados por un jugador mientras está en cancha, proporciona una medida normalizada que ajusta por minutos jugados y oportunidades disponibles. Un porcentaje total de rebotes superior al 20% se considera excelente para jugadores interiores, mientras que porcentajes del 15% o superiores son notables para aleros. El rebote está influenciado por múltiples factores técnicos y físicos: timing, posicionamiento, anticipación de la trayectoria del balón, boxeo del oponente, envergadura, altura de salto, y lo que los entrenadores llaman "sentido del rebote" o instinto para posicionarse correctamente. Dennis Rodman, quien lideró la NBA en rebotes por siete temporadas consecutivas a pesar de medir solo 2.01 metros, ejemplifica cómo la técnica, esfuerzo y posicionamiento pueden superar limitaciones de altura pura. Su capacidad para estudiar las rotaciones del balón y anticipar trayectorias era legendaria. En el baloncesto moderno, el rebote ha adquirido nuevas dimensiones estratégicas con el análisis avanzado. Las métricas contemporáneas incluyen rebotes disputados versus no disputados, porcentaje de rebotes en situaciones de boxeo, impacto en el porcentaje de rebotes del equipo cuando un jugador está en cancha, y velocidad de inicio de transición tras rebote defensivo. El tracking óptico permite ahora cuantificar aspectos como distancia recorrida para capturar rebotes, altura del salto, y tiempo de reacción. Los sistemas ofensivos modernos han alterado las dinámicas del rebote con el aumento del tiro de tres puntos, que genera rebotes que tienden a botar más lejos del aro, creando más oportunidades para jugadores perimetrales. Equipos analíticamente sofisticados como los Houston Rockets bajo Daryl Morey priorizaban enviar jugadores en transición inmediatamente tras los tiros, sacrificando parcialmente el rebote ofensivo por ventajas en defensa de transición. Esta filosofía contrasta con equipos como los Chicago Bulls de Tom Thibodeau que enfatizaban el rebote ofensivo agresivo. El rebote correlaciona fuertemente con el éxito del equipo, particularmente el diferencial de rebotes. Equipos que ganan la batalla del rebote tienen mayores probabilidades de victoria, aunque la correlación es más fuerte con rebotes defensivos que ofensivos. En evaluación de jugadores, los scouts consideran no solo el volumen de rebotes sino también la consistencia, efectividad en momentos críticos, y capacidad para convertir rebotes en posesiones productivas mediante pases de salida rápidos o finalizaciones inmediatas.