Glosario de Baloncesto

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Protocolo de Conmoción

En inglés: Concussion Protocol

El protocolo de conmoción cerebral es un conjunto sistemático y riguroso de evaluaciones y pasos progresivos diseñados para proteger a los jugadores que han sufrido una lesión cerebral traumática leve, comúnmente conocida como conmoción cerebral. En las últimas décadas, la comprensión de las conmociones cerebrales y sus potenciales consecuencias a largo plazo ha evolucionado dramáticamente, llevando a ligas profesionales como la NBA a implementar protocolos estrictos que priorizan la salud cerebral de los atletas sobre las consideraciones competitivas inmediatas. Una conmoción cerebral es una lesión cerebral traumática causada por un golpe directo en la cabeza, cuello o cuerpo que transmite una fuerza impulsiva a la cabeza, resultando en un cambio transitorio en la función cerebral. En el baloncesto, las conmociones pueden ocurrir por múltiples mecanismos: colisiones cabeza con cabeza entre jugadores, contacto de codo o mano con la cabeza durante rebotes o jugadas defensivas, caídas donde la cabeza golpea el piso, o fuerzas rotacionales repentinas que sacuden el cerebro dentro del cráneo. Los signos y síntomas de conmoción cerebral son variados y pueden ser sutiles. Los síntomas físicos incluyen dolor de cabeza, náuseas o vómitos, mareos, problemas de equilibrio, visión borrosa o doble, sensibilidad a la luz o ruido, y zumbido en los oídos. Los síntomas cognitivos abarcan confusión, dificultad para concentrarse, problemas de memoria (especialmente amnesia del evento), sensación de lentitud mental o 'neblina cerebral'. Los síntomas emocionales pueden incluir irritabilidad, tristeza, nerviosismo o cambios de personalidad. Los síntomas relacionados con el sueño involucran somnolencia, dificultad para conciliar el sueño o dormir más o menos de lo habitual. Crucialmente, la pérdida de conciencia no es necesaria para el diagnóstico de conmoción cerebral. De hecho, la mayoría de las conmociones cerebrales (aproximadamente 90%) no involucran pérdida de conciencia. Los jugadores pueden parecer funcionar normalmente inmediatamente después del impacto pero desarrollar síntomas minutos u horas después. Esta presentación retrasada enfatiza la importancia de la observación continua y la reevaluación. El protocolo de conmoción de la NBA comienza en el momento en que se sospecha una conmoción. Si un jugador muestra cualquier signo o síntoma de conmoción, o si el personal médico del equipo, árbitros u observadores de lesiones designados tienen alguna preocupación, el jugador debe ser retirado inmediatamente del juego y no puede volver hasta que haya completado el protocolo completo. No hay excepciones basadas en la importancia del partido o el estado del jugador. La evaluación inicial incluye un examen neurológico por el médico del equipo, evaluando el estado mental, función cognitiva, equilibrio, coordinación y síntomas reportados. La herramienta SCAT (Sport Concussion Assessment Tool) o instrumentos similares pueden utilizarse para cuantificar la severidad de los síntomas y proporcionar una línea base para comparación. Si se confirma la sospecha de conmoción, el jugador entra en reposo físico y cognitivo completo. El reposo cognitivo es un concepto importante a menudo pasado por alto. Significa limitar actividades que requieren concentración y atención, incluyendo uso de dispositivos electrónicos, videojuegos, lectura extensiva, trabajo escolar o actividades laborales. El cerebro conmocionado necesita energía para sanar, y las demandas cognitivas pueden retrasar la recuperación y empeorar los síntomas. La progresión a través del protocolo sigue etapas específicas, cada una requiriendo que el jugador permanezca sin síntomas antes de avanzar. La Etapa 1 es reposo completo hasta que el jugador no tenga síntomas en reposo. La Etapa 2 introduce actividad aeróbica ligera (como bicicleta estática) a intensidad que no provoca síntomas. La Etapa 3 permite ejercicio aeróbico moderado y puede incluir entrenamiento de fuerza. La Etapa 4 incorpora ejercicios de baloncesto sin contacto, comenzando con ejercicios de tiro y progresando a ejercicios de movimiento más complejos. La Etapa 5 involucra práctica completa con contacto si el jugador permanece sin síntomas. Cada etapa típicamente dura al menos 24 horas, y si los síntomas reaparecen en cualquier punto, el jugador debe volver a la etapa previa. Solo después de completar exitosamente todas las etapas sin recurrencia de síntomas puede un jugador recibir autorización médica para volver a la competición. La evaluación neuropsicológica juega un papel importante en el protocolo. Muchos equipos realizan pruebas neuropsicológicas de línea base en pretemporada, evaluando memoria, velocidad de procesamiento, tiempo de reacción y función ejecutiva. Después de una conmoción, estas pruebas se repiten, y los resultados se comparan con la línea base del jugador. El retorno a los valores de línea base es un criterio importante para la autorización médica. Las imágenes cerebrales (TAC o resonancia magnética) generalmente no muestran anormalidades en conmociones no complicadas, ya que la lesión es funcional más que estructural. Sin embargo, las imágenes son cruciales si hay preocupación por lesiones más graves como hemorragia intracraneal, especialmente si hay pérdida de conciencia prolongada, déficits neurológicos focales, deterioro del estado de conciencia, vómitos persistentes o dolor de cabeza que empeora. Las conmociones múltiples son particularmente preocupantes debido al síndrome de segundo impacto, una condición rara pero potencialmente fatal donde una segunda conmoción ocurre antes de que los síntomas de la primera hayan resuelto completamente, resultando en hinchazón cerebral catastrófica. También hay evidencia creciente de que conmociones múltiples pueden llevar a efectos acumulativos a largo plazo, incluyendo encefalopatía traumática crónica (CTE), deterioro cognitivo y trastornos del estado de ánimo. La duración del protocolo varía considerablemente entre individuos. Algunos jugadores se recuperan completamente en 7-10 días, mientras que otros pueden requerir semanas o incluso meses. Los factores que influyen en el tiempo de recuperación incluyen la gravedad del impacto, historia de conmociones previas, edad y factores individuales.