Esguince de Tobillo
En inglés: Ankle Sprain
El esguince de tobillo es la lesión más común en el baloncesto, representando aproximadamente el 40% de todas las lesiones en este deporte. Esta alta incidencia se debe a las demandas únicas del baloncesto: saltos constantes, aterrizajes, cambios rápidos de dirección y el contacto con otros jugadores. Un esguince de tobillo ocurre cuando los ligamentos que estabilizan la articulación del tobillo se estiran o desgarran más allá de su capacidad normal, resultando en dolor, hinchazón y limitación funcional. Los esguinces de tobillo se clasifican en tres grados según la severidad del daño ligamentoso. Un esguince de grado I involucra un estiramiento leve de los ligamentos con daño microscópico a las fibras, causando dolor leve, hinchazón mínima y poca o ninguna inestabilidad. El jugador generalmente puede caminar con molestias leves. Un esguince de grado II representa un desgarro parcial de los ligamentos, con dolor moderado a severo, hinchazón visible, hematomas y cierta inestabilidad del tobillo. La movilidad está limitada y caminar resulta doloroso. El grado III es el más grave, indicando una rotura completa de uno o más ligamentos, acompañado de dolor intenso, hinchazón significativa, hematomas extensos e inestabilidad marcada del tobillo. La mayoría de los esguinces de tobillo en el baloncesto son esguinces de inversión lateral, donde el pie se tuerce hacia dentro y el tobillo rueda hacia fuera, dañando los ligamentos en el lado exterior del tobillo, particularmente el ligamento talofibular anterior (LTFA), el ligamento calcaneofibular (LCF) y el ligamento talofibular posterior (LTFP). Estos esguinces típicamente ocurren durante aterrizajes incorrectos después de rebotes o tiros bloqueados, cuando un jugador cae sobre el pie de otro jugador, o durante cambios bruscos de dirección. Los esguinces de eversión, donde el pie se tuerce hacia fuera, son menos comunes pero potencialmente más graves, afectando el ligamento deltoideo en el lado interior del tobillo. Estos esguinces pueden asociarse con fracturas de tobillo y requieren evaluación cuidadosa. También existen esguinces de sindesmosis o 'high ankle sprains', que afectan los ligamentos que conectan la tibia y el peroné por encima del tobillo. Estos son particularmente problemáticos porque generalmente requieren períodos de recuperación más largos. El diagnóstico inicial se basa en el examen físico, donde el médico evalúa la hinchazón, los hematomas, el rango de movimiento y la estabilidad del tobillo mediante pruebas específicas como la prueba del cajón anterior y la prueba de inclinación talar. Las reglas de Ottawa para el tobillo ayudan a determinar si se necesitan radiografías para descartar fracturas. Si hay sensibilidad ósea en puntos específicos o incapacidad para soportar peso, las radiografías son necesarias. La resonancia magnética puede utilizarse en casos complejos o cuando se sospecha daño adicional. El tratamiento inmediato sigue el protocolo PRICE: Protección, Reposo, Hielo, Compresión y Elevación. La aplicación de hielo durante 15-20 minutos cada 2-3 horas ayuda a controlar la inflamación. La compresión con vendaje elástico limita la hinchazón, y elevar el tobillo por encima del nivel del corazón reduce el edema. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) pueden ayudar con el dolor y la inflamación, aunque su uso debe discutirse con el equipo médico. La inmovilización temporal puede ser necesaria dependiendo de la severidad. Los esguinces de grado I pueden beneficiarse de vendaje funcional o tobillera, permitiendo cierto movimiento mientras se proporciona soporte. Los esguinces de grado II y III pueden requerir una bota ortopédica o férula durante varios días o semanas para permitir la curación inicial. Sin embargo, la inmovilización prolongada debe evitarse, ya que puede llevar a rigidez y debilidad. La rehabilitación es crucial para prevenir la cronicidad y los esguinces recurrentes. Los ejercicios iniciales se centran en recuperar el rango de movimiento mediante ejercicios de movilización del tobillo. A medida que mejora la curación, se incorporan ejercicios de fortalecimiento para los músculos que rodean el tobillo, especialmente los peroneos que proporcionan estabilidad lateral. Los ejercicios de equilibrio y propiocepción son fundamentales, utilizando tablas de equilibrio, ejercicios con un solo pie y superficies inestables. Los tiempos de recuperación varían: los esguinces de grado I pueden sanar en 1-3 semanas, los de grado II en 4-6 semanas, y los de grado III en 8-12 semanas o más. El retorno al juego debe basarse en criterios funcionales, no solo en el tiempo. El jugador debe demostrar rango de movimiento completo sin dolor, fuerza simétrica, capacidad de realizar movimientos específicos del baloncesto y confianza psicológica en el tobillo. El uso de tobilleras o vendaje funcional es común durante las primeras semanas después del retorno como medida preventiva.