Dobles
En inglés: Double Dribble
Los dobles, denominación coloquial de la violación de doble regate o doble bote, constituyen una infracción fundamental del baloncesto que ocurre cuando un jugador bota el balón, lo coge con una o ambas manos deteniéndose completamente el bote, y posteriormente vuelve a botarlo. Esta violación protege el equilibrio entre ataque y defensa, evitando que los jugadores puedan detenerse para evaluar opciones y luego continuar botando indefinidamente. Según el reglamento FIBA, la violación de dobles se produce en dos situaciones específicas: cuando un jugador que ha finalizado su regate vuelve a botar el balón, o cuando bota simultáneamente con ambas manos. La primera situación es la más común y se genera cuando el jugador toca el balón con ambas manos simultáneamente o lo sostiene contra su cuerpo, finalizando así el regate de forma reglamentaria. Una vez finalizado el bote, el jugador solo puede pasar, lanzar o establecer un pie de pivote, pero jamás puede volver a botar. La interpretación de cuándo un jugador ha detenido realmente su bote constituye uno de los aspectos más sutiles del arbitraje. El contacto momentáneo con ambas manos no necesariamente detiene el bote si el jugador no ejerce control sobre el balón. Esta distinción permite maniobras como el crossover o cambio de mano, donde ambas manos pueden tocar brevemente el balón durante la transición. Sin embargo, si el jugador claramente sostiene o agarra el balón con ambas manos, el regate queda finalizado automáticamente. La segunda modalidad de dobles, botar con ambas manos simultáneamente, es menos frecuente pero igualmente sancionable. Esta situación puede ocurrir cuando jugadores principiantes intentan controlar el balón o cuando en situaciones de presión defensiva un jugador pierde la coordinación del bote. El reglamento exige claramente que el bote se realice con una sola mano, aunque puede alternarse entre ambas manos durante el regate. La señalización arbitral para los dobles consiste en realizar un movimiento de arriba hacia abajo con ambas manos, simulando el acto de botar dos veces. La consecuencia inmediata es la pérdida de posesión del balón, con saque de banda para el equipo contrario desde el punto más cercano a donde se cometió la infracción. Esta sanción relativamente simple ha motivado el desarrollo de técnicas de regate cada vez más sofisticadas que maximizan el uso del bote sin incurrir en la violación. Las situaciones típicas donde se producen dobles incluyen: jugadores que recogen su regate ante presión defensiva y, al no encontrar opción de pase, intentan volver a botar; bases que detienen su penetración al enfrentar ayudas defensivas y luego intentan reiniciar el bote; jugadores que pierden momentáneamente el control del balón durante el regate, lo recuperan con ambas manos, y luego intentan seguir botando; y situaciones de contraataque donde la velocidad y la fatiga generan pérdida de coordinación. La regla de dobles ha permanecido notablemente estable desde los primeros años del baloncesto. James Naismith, creador del deporte en 1891, estableció desde el inicio que el balón debía mantenerse en movimiento mediante pases o botes, y que un jugador no podría retener indefinidamente la posesión mediante combinaciones ilimitadas de ambos. Esta regla fundamental ha sobrevivido prácticamente intacta durante más de 130 años, testimonio de su importancia para la naturaleza dinámica del juego. La pedagogía del baloncesto enfatiza desde edades tempranas la importancia de tomar decisiones antes de recoger el regate. Los entrenadores instruyen constantemente a los jugadores para que mantengan activo el bote mientras evalúan opciones, o que establezcan posición de triple amenaza (pasar, lanzar o botar) antes de comprometer el regate. Esta filosofía táctica deriva directamente de la regla de dobles y su penalización. En términos estratégicos, la defensa intenta forzar dobles mediante presión coordinada. Las trampas o double teams buscan específicamente que el jugador con balón recoja su regate en una posición comprometida. Una vez que el atacante ha detenido su bote, pierde movilidad significativa y depende exclusivamente del pase para mantener la posesión. Defensores experimentados pueden entonces ajustar su posición para interceptar líneas de pase, sabiendo que el rival no puede escapar mediante el regate. Casos límite y controversias surgen en situaciones donde el balón parece escaparse involuntariamente de las manos del jugador durante el regate. Si el jugador pierde control completo y el balón toca el suelo o a otro jugador antes de recuperarlo, técnicamente podría considerarse un nuevo control de balón que permitiría reiniciar el bote. Sin embargo, esta interpretación requiere que el jugador haya perdido control real y completo, no simplemente un ajuste del agarre. Los árbitros deben juzgar la intencionalidad y el grado de control perdido, decisiones que pueden resultar subjetivas en jugadas de alta velocidad.