Rotura de Menisco
En inglés: Meniscus Tear
La rotura de menisco es una de las lesiones de rodilla más frecuentes en el baloncesto profesional, afectando los amortiguadores cartilaginosos en forma de C que se encuentran entre el fémur y la tibia. Cada rodilla contiene dos meniscos: el menisco medial (interior) y el menisco lateral (exterior). Estas estructuras cumplen funciones vitales, incluyendo la absorción de impactos, la distribución de la carga de peso, la lubricación de la articulación y la estabilización de la rodilla durante el movimiento. Cuando uno de estos meniscos se daña, las consecuencias pueden variar desde molestias leves hasta limitaciones significativas en la capacidad de juego. Las roturas de menisco pueden clasificarse según varios criterios. Por su ubicación, pueden ser radiales, horizontales, longitudinales o en asa de cubo. Por su gravedad, pueden ser parciales o completas. La zona de la rotura también es crucial: las roturas en la 'zona roja' (tercio externo del menisco) tienen mejor suministro sanguíneo y mayor potencial de curación, mientras que las roturas en la 'zona blanca' (tercio interno) carecen de flujo sanguíneo adecuado y raramente sanan por sí solas. En el baloncesto, las roturas de menisco típicamente ocurren durante movimientos que combinan rotación y compresión de la rodilla. Los pivoteos bruscos, cambios rápidos de dirección, desaceleraciones repentinas o aterrizajes con rotación pueden generar fuerzas suficientes para desgarrar el tejido meniscal. A diferencia de las lesiones traumáticas agudas, algunos jugadores desarrollan desgarros degenerativos gradualmente con el tiempo debido al desgaste repetitivo, especialmente a medida que envejecen y el tejido del menisco se vuelve menos elástico. Los síntomas de una rotura de menisco incluyen dolor localizado en la línea articular de la rodilla, hinchazón que se desarrolla gradualmente durante 24-48 horas, sensación de bloqueo o atrapamiento de la rodilla, dificultad para extender completamente la rodilla, y una sensación de que la rodilla podría ceder. Algunos jugadores experimentan un chasquido mecánico al mover la rodilla, especialmente durante la flexión o extensión. El dolor generalmente empeora con actividades que implican torsión o agacharse profundamente. El diagnóstico comienza con un examen físico detallado. La prueba de McMurray es una maniobra diagnóstica común donde el médico flexiona la rodilla completamente, aplica rotación y luego extiende gradualmente la articulación, escuchando o sintiendo un chasquido que podría indicar una rotura meniscal. La prueba de Apley implica presión hacia abajo con rotación mientras el paciente está boca abajo con la rodilla flexionada. Sin embargo, la resonancia magnética sigue siendo el estándar de oro para confirmar el diagnóstico y caracterizar completamente la rotura. Las opciones de tratamiento dependen de múltiples factores: la ubicación, tamaño y patrón de la rotura, la edad del jugador, el nivel de actividad, y los síntomas. Algunas roturas pequeñas en la zona roja pueden tratarse conservadoramente con fisioterapia, antiinflamatorios y modificación de actividades. Sin embargo, muchas roturas en jugadores profesionales requieren intervención quirúrgica, ya sea meniscectomía parcial (eliminación de la porción dañada) o reparación meniscal (sutura de la rotura). La meniscectomía parcial artroscópica es un procedimiento mínimamente invasivo que permite un retorno relativamente rápido al juego, típicamente 4-6 semanas. Sin embargo, eliminar tejido meniscal, incluso una pequeña cantidad, altera la biomecánica de la rodilla y puede aumentar el riesgo de osteoartritis a largo plazo. Por esta razón, cuando es factible, los cirujanos prefieren la reparación meniscal, especialmente en jugadores jóvenes. La reparación meniscal requiere un periodo de recuperación más largo, generalmente 3-4 meses, ya que el tejido reparado necesita tiempo para sanar. Durante las primeras semanas, el jugador puede tener restricciones de peso y movimiento para proteger la reparación. La rehabilitación progresa gradualmente desde ejercicios de rango de movimiento y fortalecimiento básico hasta actividades más dinámicas y específicas del baloncesto. El pronóstico generalmente es bueno con el tratamiento adecuado, aunque algunos jugadores experimentan síntomas persistentes o desarrollan problemas secundarios. La preservación del tejido meniscal mediante reparación, cuando es posible, ofrece los mejores resultados a largo plazo para la salud de la rodilla y la longevidad de la carrera deportiva.